La distancia entre Chascomús y Tucumán pasó de más de 1.300 kilómetros a cero, y todo gracias a una decisión y a un sueño. Luca Arfaras hizo ese recorrido en cuestión de horas. A los 20 años, dejó el club en el que se formó desde chico y aterrizó en San Martín con una convicción clara y una meta compartida. La convocatoria para el partido contra Almagro, en su primera semana en el club, fue una señal de que el camino ya está en marcha.
Su llegada se resolvió con la velocidad que suele tener el fútbol. “Surgió de un día para el otro y la verdad que no lo dudé. Tomamos la decisión junto a mi representante y en tres días ya estábamos en Tucumán”, contó el delantero, que firmó su primer contrato profesional con Estudiantes en 2025 y tiene vínculo vigente hasta 2027.
Ese momento marcó un punto importante en su carrera. “Trabajé desde los nueve años, cuando llegué al club, con el objetivo de firmar mi primer contrato. Haberlo logrado fue una felicidad enorme y siento mucha gratitud”, expresó Arfaras, que atravesó todas las categorías del “Pincha” hasta consolidarse en la estructura juvenil.
En ese proceso, el crecimiento fue constante. Más allá de lo futbolístico, hay un aspecto que destaca especialmente. “Si tengo que elegir algo que mejoré, me quedo con lo mental. Todo lo que me tocó vivir en el club me fortaleció mucho”, afirmó.
Dentro de ese recorrido, hubo nombres que lo marcaron. Eduardo Domínguez formó parte del entorno profesional en Estudiantes, aunque fue otro referente quien tuvo un rol más cercano. “Con Eduardo no tuve muchas charlas, pero sí con Jonathan Schunke, que me ayudó mucho tanto en mi etapa en la Reserva como en la decisión de venir a San Martín”, recordó.
Su historia con el fútbol empezó mucho antes, en su ciudad natal. “Empecé a jugar a los tres o cuatro años en Chascomús”, relató. Desde entonces, fue construyendo un perfil ofensivo que hoy lo define. “Jugué de nueve, de extremo y también como media punta”, explicó. Esa versatilidad se refleja también en su manera de competir. “Soy un jugador que nunca da una pelota por perdida, que siempre busca ayudar al equipo y moverse por todo el frente de ataque”, describió.
Arfaras tiene bien en claro quiénes son los delanteros a seguir
Entre sus referencias aparecen dos delanteros con estilos distintos, aunque con características que admira. “Guido Carrillo y Julián Álvarez”, respondió cuando LA GACETA le preguntó por sus modelos.
Antes de llegar, ya tenía una idea de lo que representa San Martín. El primer contacto directo terminó de confirmar esas sensaciones. “Sabía de la gente, de la cancha y de lo pasional que es el hincha. Quedé fascinado cuando vi el primer partido de local”, reveló. También hubo una razón deportiva que influyó en su decisión. “Me convenció el proyecto que tiene el club y el objetivo de lograr el ascenso”.
El impacto de los primeros días fue positivo. La adaptación, en un contexto nuevo y lejos de su entorno habitual, encontró respaldo en el grupo. “El club, la gente y todo el personal me recibieron de excelente manera. Es un grupo muy unido y eso me ayudó mucho a sentirme cómodo y agarrar confianza rápido”, contó. Su llegada fue en solitario, con el desafío personal que implica dar ese paso. “Vine solo, pero los compañeros me hicieron sentir muy bien desde el primer día”, agregó.
La convocatoria frente a Almagro fue otro momento importante. Aunque no sumó minutos, integrar la lista tuvo un valor especial. “Fue una alegría enorme haber estado convocado. Ahora espero poder ir metiéndome de a poco en el equipo y aportar lo mío”, manifestó.
En una delantera con nombres como Facundo Pons, Diego Diellos y Lautaro Ovando, la competencia es parte del día a día. Él la asume como un estímulo. “Es una competencia muy sana. Todos tenemos el mismo objetivo y vamos a trabajar juntos para lograrlo”, sostuvo. Esa dinámica también fortalece al plantel. “Es importante que todos estén bien, tanto los que juegan como los que esperan su oportunidad. Eso eleva el nivel del equipo”, consideró.
El cuerpo técnico acompaña su proceso de adaptación, con seguimiento cercano en esta primera etapa. “El cuerpo técnico me recibió muy bien y está pendiente de cómo me voy adaptando y de cómo me siento”, comentó.
El objetivo está claro y también marca su motivación personal. “El objetivo es ascender a San Martín. Ese es el principal desafío, y en lo personal, quiero ayudar al equipo con goles para que eso suceda”, afirmó.
Desde su llegada, dejó en claro cuál es su forma de competir. La actitud es su principal carta de presentación. “Quiero que la gente sepa que soy un jugador que nunca va a dejar una pelota por perdida y que siempre voy a dar el máximo para lograr el ascenso”, expresó.
El primer paso ya está dado. La convocatoria llegó antes de lo esperado y el proceso recién empieza. En Tucumán, Arfaras encontró un nuevo destino y una oportunidad que puede marcar su carrera. Ahora, el desafío es transformar esa ilusión en minutos, goles y crecimiento dentro de un equipo que persigue el mismo sueño.